miércoles, 24 de junio de 2009

Si alguien lo encuentra que nos escriba

Cualquier cosa puede ser un talismán. Lo que es una virtud y un problema, porque así de amplio y diverso el mundo, todo dice que habrá que caminar mucho para encontrarse uno.

Con Flora investigamos un poco el diccionario: ella desde las montañas y nosotros buenos aires mas acá. Un talismán es un imán? Algo de las propiedades, sí. Generar un campo magnético que propicie algunas cosas. Algunos deseos y también, lo inesperado. Un flujo nunca interrumpido, una sensación o torrente oculto que vuelve aparecer, dura y se va sin aviso. Claro, si es tan imprevisible mejor agarrarse a algo y que ese algo sea chiquito, cómodo, que uno lo pueda delegar a un hermano ante un examen difícil o quizás encargarle a nuestra misteriosa entidad, el cuidado del mismo hermano ante un viaje. Un talismán, un objeto cualquiera (a simple vista) pero en realidad, no. Un cuerpo que tiende a alinearse con otros imanes. Por ejemplo, con el campo magnético terrestre. Entonces, una brújula...? No, exactamente.

Un talismán (del francés talisman, éste del persa ṭelesmāt, y éste del griego τέλεσμα) es un objeto, generalmente una piedra rara no siempre preciosa, a veces con ninguna forma particular o una figura espiral o una inscripción (el aire es libre), al que la superstición atribuye un efecto fuera de lo escrito en libros y algunos otros poderes especiales. Se dice que si se lleva puesto, propicia el azar y protege del mal, además de ser una compañía a la vez. Un ojo para alguna suerte de razón experimental. Personalmente, no creo que obsesionarse con los objetos sea algo bueno pero encariñarse con algunos es inevitable, paranoico, sabio.

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